Montes de mañana
Ante la mole ingente sobre el horizonte
vacila el ojo --mira admirado-- y lagrimea
al contraluz de la mañana. Fulge el cúmulo
de un blanco tal --tan blanco-- que la luz
se vuelve irresistible: Absorbe y ciega.
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Montes de mañana
Ante la mole ingente sobre el horizonte
vacila el ojo --mira admirado-- y lagrimea
al contraluz de la mañana. Fulge el cúmulo
de un blanco tal --tan blanco-- que la luz
se vuelve irresistible: Absorbe y ciega.
La abeja tiene en Teócrito directa relación con el amor.
En su poema "El ladrón de miel"(1), narra una anécdota sucedida nada menos que a Eros:
Una abeja maligna picó un día
A Eros que robaba la colmena,
Y le picó en la punta de los dedos.
Eros patea, grita, se lamenta,
Se sopla las heridas, y a Afrodita
Mostrando su dolor, llora y se queja
De que un ser tan pequeño y diminuto
Produzca unas heridas tan cruentas.
Y la madre, riendo, dice al hijo:
-¿No eres tú semejante a las abejas?
Tú también, hijo mío, eres pequeño,
¡Pero qué heridas tan terribles dejas!,
Y en su Idilio III, un pastor enamorado canta:
¡Oh!, si fuera yo una abeja susurrante
y pudiera volar hasta tu escondite
entretejiendo las hiedras y helechos
tras cuyo fronda has anidado.
Gato
La toga del santón
Dormita, arrugada al sol,
Solo aparentemente
abandonada.
Ladra en perro en la noche
Y despierta al gallo
Que, ofuscado,
tres veces canta.
A la luz de la luna llena
Le brillan los colmillos
Al lobo que,
Persistentemente, aúlla.
Culebra
Enroscada en sí misma
Sabe la culebra
Que se anuda.
Il pleure dans mon cœur…
Il pleut doucement sur la ville
Arthur Rimbaud
Il pleure dans mon cœur
Comme il pleut sur la ville;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon cœur?
Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits!
Pour un cœur qui s’ennuie,
Ô le chant de la pluie!
Il pleure sans raison
Dans ce cœur qui s’écœure.
Quoi! nulle trahison?…
Ce deuil est sans raison.
C’est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon cœur a tant de peine !
Paul Verlaine
Llueve en mi corazón
Llueve en mi corazón
como llueve sobre la ciudad;
¿qué será esta desazón
que me penetra el corazón?
¡Ah, dulce ruido de la lluvia
sobre la tierra y los techos!
¡Ah, para un corazón que se aburre
el canto de la lluvia!
Llueve sin razón alguna
sobre el corazón que se hastía
¡Cómo¡ ¿Ninguna traición?...
No tiene razón este duelo.
Es la peor pena
no saber por qué
sin amor y sin odio
mi corazón siente tanta pena.
“Vuelan alto–a contraluz–las aves migratorias
para enseñarnos a ensoñar”.
Tienen los cielos de otoño la transparencia del aire frío y seco. Purísima infinitud.
Desde esa pureza el sol, Inclinado, ilumina el mundo creando largas sombras que intensifican la luz.
Intenso es también el tinte azul del cielo sin una nube.
Contra tal intensidad trazan su alto vuelo—lenta caligrafía en tinta china—las aves que emigran a las tierras hacia las que el sol se inclina, como huyendo.
Aladas, son infinidad las creaturas
Que vuelan, sobrevuelan, revolotean
En la brisa o se dejan llevar cielo arriba
Por el poder de la espiral del aire. Nubes
De mosquitos alrededor de los aromas,
Enjambres, colmenas, infestaciones
Multitudinarias, transparencias cristalinas
De libélulas, mosaico de mariposas
Y guacamayas desprendidas del sol,
Águilas caudales, arriba, tan arriba
Como la alondra que asciende hasta
Volverse nada. Vuelo del ánade que emigra
Y de la avispa, el turbojet que deja
En el cielo su rúbrica de falsa, sucia nube.
I
Amarga mar, la arena
Asume en esta playa oscura
De obsidiana dimensiones
De horizonte inabarcable. Mar
Amarga de olas incesantes
Y resacas: va y ven del agua.
II
Profunda el agua bulle
En su oscura cavidad,
Fondo sin fondo del mar
Quietud aparente
de lo sumergido: gravedad
Que se hunde y precipita
Hasta el núcleo inicial,
El centro de la esfera.
III
Tiene el mar poderes de hipnotismo,
Fulgor que ciega, ritmo de olas.
Bajo el sol y el viento
el mar enardecido brama
Y es en la noche un ser de miedo:
Dios o dragón de lo oscuro:
Aguas murmurantes de las tinieblas.