En babia quede el deslumbrado,
Fija la vista en alto, iluminada
Del fulgor de la luna en su cenit:
Torcido el cuello, alzado el rostro,
Dos ópalos brillantes los orbes
De los ojos, astros fugaces
En su propia noche. Luna de gas
De acetileno, roca cautiva, luminosa:
Luna llena o pálida fracción
Apenas sugerida sobre el horizonte
De la madrugada. Abre además la boca,
Embelesado quien la vislumbra apenas
En la luz del día y la recuerda entera,
—Elevada presencia deslumbrante—
En medio de la noche y sus estrellas.
Desde su órbita domina las órbitas
Fijas en ella—su estupor—y además,
Del imperioso mar, caprichosa,
Controla el vaivén de sus mareas.
Sobre el agua oscura y agitada riela.